A paso mudá

 

Como en Cuaresma, esa era la sensación que se transmitía en el interior de la antigua Colegiata del Salvador, en un ambiente de recogimiento, en silencio con el número de personas justa, medido, la grandeza del bello templo del genial Figueroa, una inmensidad que quedaba llena por la sola presencia del Señor de Pasión. 

Un sencillo acto interno, con hermanos portando cirios rojos a modo de hachetas y dos parejas de faroles, y que al finalizar dichos hermanos y devotos allí presentes pudieron acercarse al señor y llevarse una flor para el recuerdo, como cada año, otro ritual mas que se repite que nos acerca al tiempo de la cuaresma.


Joaquín Galán.





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