A paso mudá

 




Todo parecía como siempre pero no lo era, no era Jueves Santo, pero lo parecía, eso sí una luz algo más oscura con la que sale la virgen de la Amargura cuando se atisba la luna del parasceve, aunque si hay primaveras en que la luz es ya casi tan oscura como la que vimos en la tarde noche del pasado sábado para la procesión de gloria de la virgen de la Amargura de Alcalá de Guadaira en la que celebraba su Setenta y cinco fundacional.

Una noche perfecta, en la que una gran multitud acompañaba a la dolorosa de la céntrica parroquia de san Sebastián y que en esta ocasión procesionaba en solitario sin su fiel compañero, San Juan, tomando aún más protagonismo en el paso, pero que simbólicamente estaba representado en una vela de la candeleria en el costero derecho en una obra pintada por alcalareño Jesús Carazo.

Anteriormente a la salida se celebraba una Eucaristía que fue presidida por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, finalizando sobre las nueve menos cuarto de la noche, poniéndose la comitiva en las calles de la localidad panadera a las nueve de la noche, para bajar la difícil rampa hasta la calle, lo que hacía con la marcha Corpus Christis en triunfal descenso hasta su pueblo interpretándose a continuación Amor y Amargura de Jesús Navarro Muñoz dedicada a la propia hermandad.

Nada más salir detrás de su parroquia a la dolorosa que saliera del alcalareño Manuel Pineda Calderón le esperaba una alfombra de sales obra del grupo joven de la hermandad del Dulce Nombre, corporación de gloria con quienes comparten iglesia, estando acompañada musicalmente por la Asociación Musical Nuestra Señora del Águila, tocando en esta ocasión marchas más alegres, no sin un sello clásico, en definitiva una procesión brillante que no olvidaran los alcalareños.

Joaquín Galán.


Galería fotográfica Joaquín Galán:



















 


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