A paso mudá

 



Quizás que, en el barrio del Cerro del Águila, un 11 de septiembre no será recordado por aquel infame suceso neoyorkino, de no grato recuerdo en lo personal, ya que por cierto tuve a un familiar a punto subir a la primera torre recién atacada y que gracias a Dios por una de esas extrañas carambolas de la vida no sucedió a partir de ahora el 11S será otra cosa, un imborrable recuerdo en el Cerro, seguro, ya que el triunfal regreso de su Virgen en el anual Rosario de la Aurora será por mucho tiempo un hito en la memoria colectiva de lugar.

Fue es su justa medida, con alegría, pero si excesos, como lo sabe hacer el Cerro, u alegría fue la que el barrio demostraba, con sonrisas que se veían por todos sitios, muy buenas sensaciones, muchas emociones y llantos de emoción. En la memoria reciente esta la vuelta al barrio en traslado desde la Catedral de Sevilla el pasado Jueves Santo que se debió a tener que refugiarse la hermandad por la lluvia del Martes Santo.

Pero aquel recuerdo no tan feliz, que además el barrio tan bien supo hacer dentro de lo exigido, se le suma ahora este gozo pues era una mañana radiante, no había prisas y se celebraba la buena armonía entre las hermandades de La Paz y la de Los Dolores y aquellos 25 años de la Salida de la Hermandad del Cerro desde el Porvenir, que de seguro estaba en el recuerdo de muchos de los presentes y de los que no pudieron vivirlo pero que podrán contar dentro de otros 25 años este recuerdo también.

Hay que destacar que la Virgen lucia obra nueva por Francisco Carrera Iglesias, Paquili, una nueva pieza a conjunto con la saya azul con bordados en plata que fuera realizada gracias a la donación de un traje de torear de José Sánchez Sánchez Hipólito y estrenada en el rosario de la aurora de 1996, confeccionada igualmente por Francisco Carrera. Tras la función en La Paz la Virgen regresaba a los sones de la Banda de Música de Las Nieves de Olivares que fue precisamente quien le tocó hace 25 años en su salida desde la Parroquia de San Sebastián, a la ida la Virgen llevaba el coro de campanilleros Santo Domingo de Bormujos, rezándose el Rosario, siendo el capataz fue Antonio Arispón.

Cuando la Virgen entraba en la Calle Canal y adentraba en su Barrio por Afana de Rivera se vivieron muchas emociones, con un ambiente de Martes Santo y de fiesta, sonaron marchas tras marchas, con un cuidado repertorio oyéndose marchas como “Mi Amargura” o “Madruga Macarena” entre otras, siendo la Virgen portada por las hermanas de la corporación en el último tramo, en donde hubo una petalada desde el edificio frente a la iglesia, para poner el punto final a este histórico Rosario de la Aurora en el Cerro de Águila. Por último, la dolorosa entraba con la marcha “Coronación” de Marvizón, tocándose el himno y ya dentro la banda tocaría la composición dedicada al Cristo, "Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono."

Joaquín Galán.



Galería fotográfica de Joaquín Galán:




















 



















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