A paso mudá

 


Cuando el cielo se tornaba añil se abrían las puertas del templo de San Gregorio y comenzar así uno de los cultos externos de la Cuaresma más impresionantes y recomendable de no perderse, el Viacrucis con el Cristo Yacente del Santo Entierro.

El serio cortejo era compuesto por la Cruz Parroquial y hermanos con cirios rojos, una capilla musical y cuatro servidores portando faroles iluminando al Señor, que recorría las calles Alfonso XII, Plaza del Museo, Monsalves, El Silencio y Alfonso XII, visitando a las hermandades de El Museo y la del Silencio.

Joaquín Galán.

Galería de imágenes: Joaquín Galán 
 
 








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